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viernes, 23 de enero de 2009

UNA MEJOR MANERA DE VIVIR


Uno debe premiar siempre sus largas horas de trabajo y afán de la mejor manera, rodeado de su familia. Hay que alimentar su amor con todo cuidado y recordar que los hijos necesitan modelos, no críticas, y el propio progreso se intensificará cuando uno se esfuerce constantemente por presentar el mejor aspecto de uno mismo a los hijos. e incluso si uno ha fallado en todo lo demás a los ojos del mundo, si se tiene una familia que lo ame, uno es un triunfador.


Frecuentemente se me pregunta sobre mis hijos, actualmente mayores de edad, y cómo los educamos, como si, debido a los libros que he escrito, debiéramos tener una fórmula mágica especial con la garantía de lograr el éxito en todo... incluso en la formación de ciudadanos del mañana brillantes, bien adaptados y felices. Sin olvidar jamás que el "otro Og Mandino" de hace muchos años perdió a su primera familia por su desconsideración y negligencia, actualmente siempre doy la misma respuesta...


Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es dedicarnos conscientemente a ser modelos de comportamiento para ellos. si uno les enseña una manera y luego actúa de manera contraria a sus palabras, pierde a sus hijos. Aparte de guiarlos con el ejemplo, no es mucho lo que podemos hacer por ellos excepto estar cerca para levantarlos cuando se caigan. No es demasiado pedir ¿verdad? En la pared frente al escritorio hay un breve poema escrito en caligrafía sobre pergamino blanco y enmarcado. Debajo de las palabras "Autor desconocido". Pegué, inmediatamente después de que nació, una pequeña foto de Matt. Tal vez el lector querría doblar esta página par volverla a leer en otras ocasiones.


Para cualquier padre que tenga un hijo pequeño

Son ojitos dirigidos a ti que te observan noche y día,

son orejitas que captan rápidamente todo lo que dices,

son manitas ansiosas por hacer todo lo que haces,

y es un niñito que sueña con el día en que se parecerá a ti.

Eres el ídolo del muchachito, el mayor de los sabios,

en su pequeña mente nunca surge la menor sospecha sobre ti,

cree en ti con devoción, sostiene que todo lo que dices y haces,

él lo hará y lo dirá a tu manera, cuando crezca,

al igual que tú, nada más.

Es un muchachito de grandes ojos

que crees que siempre tienes razón,

y sus oídos están siempre atentos

y te observa noche y día.

Cada día, en todo lo que haces,

sirves de ejemplo para el niñito

que espera con ansias crecer para parecerse a ti.


Hace varios años, justo antes de emprender un largo viaje para hacer promoción de uno de mis libros, había vivido la terrible agonía de ayudar a nuestro hijo menor a empacar sus cosas antes de ponerme afuera de la puerta principal, con su madre, y despedirlo cuando se fue en su automóvil a iniciar su propia vida en una residencia estudiantil de la Universidad Estatal de Arizona.


Después de que se marchó, recuerdo que caminé por el pasillo y me senté en su cuarto, a oscuras, orando porque Bette y yo hubiéramos proporcionado a Matt y a Dana, nuestro hijo mayor, la orientación que necesitarían para enfrentar las múltiples adversidades de la vida con que seguramente se toparían.


Mi viaje de promoción iba bien hasta una ocasión en que participé en un programa matutino de charlas de una radiodifusora de Los Ángeles. en este programa en vivo participaba también una novelista muy famosa cuyo nombre me reservo. De alguna manera, la conversación había derivado al tema de nuestras familia, y de nuestros hijos en particular.


Rápidamente, la novelista se apoderó del micrófono y comenzó una larga perorata desagradable en contra de sus dos hijos adolescentes. Admitió que no podía manejarlos, que con el padre no se podía contar porque nunca estaba en casa y que estos muchachos la estaban volviendo loca. Nunca llegaban a tiempo a comer, sus cuartos siempre eran un desorden y siempre ponían sus aparatos de sonido a un volumen tan alto, y en diferentes estaciones, por supuesto, que el ruido también la estaba volviendo loca.

Después de oír tal vez unas doce veces esa fea expresión de "volverse loca", mientras que esta célebre autora rebajaba a su hijos ante un auditorio bastante grande, finalmente me exasperé y la interrumpí. No puede evitarlo - Sabe usted - le dije -, va a llegar el día en que esté usted caminando por el pasillo de su casa y pase dos cuartos muy vacíos y silenciosos... y entonces se preguntará "¿A dónde se fueron?" ¿Por qué no se va a su casa, en cuanto termine este programa, abraza a sus hijos y simplemente les dice que los ama? OG MANDINO

jueves, 22 de enero de 2009

UNA MEJOR MANERA DE VIVIR(regla 3)


REGLA NUMERO 3

Cada vez que se cometa un error o se haya sido abatido por la vida, no hay que quedarse demasiado tiempo pensando en ello. Los errores son la forma en que la vida le enseña a uno. La capacidad de cometer errores

ocasionalmente es inseparable de la capacidad de lograr las propias metas. Nadie gana de todas, todos, y las fallas que se tienen, cuando ocurren, son simplemente parte del propio crecimiento. Hay que sacudirse los errores.
¿Cómo podría uno conocer sus límites sin una falla ocasional? Nunca hay que rendirse. Ya llegará el turno de uno.

A lo largo de los siglos ha resonado una de las grandes verdades menos entendida y, sin embargo, sólo los sabios toman en cuenta su consejo. Si se quiere tener éxito, hay que aprender a vivir con el fracaso. El fracaso nos proporciona más sabiduría que el éxito. Si usted me muestra una persona que nunca ha tropezado, que nunca ha tenido dificultades en su empleo y nunca ha cometido un error, yo le mostraré que es una persona con un futuro muy sombrío.

Los errores, los desaciertos, las derrotas, son inevitables en esta vida rudimentaria pero efectiva; sin embargo, si dejamos que eso nos vuelva miedosos, de tal manera que cuando nos abaten dudamos en volver a intentarlo, nos estamos condenando a una vida de arrepentimiento. Las mejores lecciones que podemos llegar a aprender provienen de nuestros errores y fracasos.

Derrota. ¿Qué es eso? Nada más, un poco de educación, nada más el primer paso hacia algo mejor. Las únicas personas que nunca fracasan son quienes nunca, pero nunca, intentan.


En una ocasión, Mark Twain contó la historia de un gato que un día saltó para subirse a una estufa caliente y se quemó la panza. Ese gato nunca más volvió a saltar para subirse a una estufa caliente - pero ese mismo gato ¡nunca saltó para subirse a una estufa fría, tampoco!


Con mucha frecuencia, se sobrestima el valor de la experiencia... y eso puede ser muy dañino si impide que uno vuelva a intentar algo después de haberse lastimado. Hay un antiguo proverbio escandinavo que es una maravilla: "El viento del norte hizo al los vikingos". El viento del norte puede hacer maravillas por usted también, amigo lector.
Hay que recordar que hasta las vidas de más éxito contienen capítulos de fracaso, exactamente como ocurre en toda buena novela, pero la forma en que termine el libro depende de nosotros. Somos los autores de nuestros años, y nuestros fracasos y derrotas sólo son pasos hacia algo mejor. Allá por 1974, cuando Hank Aaron estaba a punto de alcanzar la marca del mayor número de cuadrangulares de todos los tiempos, impuesta por Babe Ruth, una mañana llamé por teléfono a su club de béisbol, los Bravos de Atlanta.


Finalmente me comunicaron con su departamento de relaciones públicas, y planteé mi
pregunta:


- Sé que Hank lleva setecientos diez cuadrangulares y que sólo necesita cinco más para romper la marca de Ruth, pero me surgió una duda, ¿cuántas abanicadas lleva en su carrera?
-¿Abanicadas, dice usted? - me preguntó titubeante al joven que estaba al teléfono.
- Sí, ¿cuántas abanicadas?

- Discúlpeme, pero tendrá que aguardar mientras averiguo ese dato, señor.
Así lo hizo y pasaron varios minutos antes de que regresara al teléfono.

- Señor Mandino, hasta anoche, Hank llevaba setecientos diez cuadrangulares y, como usted sabe, sólo necesita cinco más para romper la marca del mayor número de cuadrangulares de todos los tiempos, impuesta por Babe Ruth...

- Sí, ya sé...

-...y ...en todos su carrera, lleva mil doscientos sesenta y dos abanicadas.
Le di las gracias, colgué y luego me quedé sentado sopesando la cifra que acababa de oír.
Qué gran ejemplo para usarlo en el futuro cada vez que tratara de precisar la idea de no
dejar nunca que los fracasos pasados impidan que uno vuelva a intentar. Allí estaba el mejor bateador de cuadrangulares que haya habido... e incluso él, incluso Hank Aaron, ¡tuvo que abanicar casi dos veces por cada batazo que sacaba la pelota del parque! es cierto que la vida es un juego con reglas que deben seguirse para triunfar, pero uno no tiene que batear de cuadrangular cada vez que es su turno al bat para tener éxito en este mundo. Pregúntele a Hank, amigo lector. fragmento de UNA MEJOR MANERA DE VIVIR de OG MANDINO

REGLA 2


Hoy, y todos los días, uno debe dar más de lo que le pagan por hacer. La victoria del éxito se habrá ganado a la mitad cuando uno aprenda el secreto de dar más de lo que se espera en todo lo que uno hace. Hay que hacerse tan valioso en su trabajo que más adelante uno se vuelva indispensable. Uno debe ejercer su derecho de recorrer ese kilómetro adicional y disfrutar de todos los beneficios que recibirá. ¡Bien se los merece! Me encanta curiosear todas las tarjetas de felicitación de carácter humorístico que parecen estar ocupando cada vez más espacio en los anaqueles de la mayor parte de las tiendas donde se venden tarjetas, y robablemente envío más de las que debería. Mi favorita de todos los tiempos fue la arjeta de tamaño exagerado que llevaba un borde grabado que la hacía parecerse a un título accionario y dentro del cual estaban impresas las palabras "Cómo hacer dinero".

Al abrir la tarjeta, se leían sólo tres palabras impresas en una tinta de color naranja brillante: ¡ PÓNGASE A TRABAJAR! En la vida todo tiene su precio y a menos que usted, lector, pertenezca a esa reducida élite que ha tenido todo resuelto desde la cuna, me temo que la única forma en que puede usted
pagar las cosas que desea, necesita y con la que sueña es con la compensación que recibe por el trabajo que desempeña.


Aunque está asintiendo con la cabeza, no parece feliz, amigo lector. ¿Está luchando por
ganarle la delantera a las cuentas? ¿No está progresando ni creciendo mucho en ese empleo en el cual ya lleva demasiado tiempo sin lograr ningún avance? ¿Le gustaría adquirir una casa nueva pero no le alcanza? ¿Lo mismo con la carcacha que tiene por automóvil? La vida de usted parece estar empantanada; ¿cómo salir del atolladero?
Hay una respuesta, una solución, una regla, y apuesto que nunca le ha fallado a quienes la han aplicado realmente. En lo tocante a mejorar el ámbito profesional de su vida, amigo lector, el mayor secreto del éxito nos fue entregado desde la cima de una montaña, hace aproximadamente dos mil años, cuando Jesucristo nos dijo que cuando nos viéramos obligados a recorrer un kilómetro con alguien, deberíamos recorrer el doble siempre. El Kilómetro adicional.


Si, a partir de mañana, se propone usted aportar más en su trabajo de lo que le pagan por
hacer, comenzarán a ocurrir milagros en su vida. No importa a qué se dedique usted para ganarse la vida, sea que venda productos, pinte casas, maneje computadoras o barra pisos - sí cada día hace más de los que le pagan por hacer, en poco tiempo su patrón de vida cambiará para mejorar.La manera más segura de condenarse uno mismo a una vida de fracaso y lágrimas consiste en hacer únicamente el trabajo por el que le pagan. Claro que aportar más de lo que se espera que uno dé no hará que uno sea muy popular con algunos de sus compañeros de trabajo que parecen dedicados a hacer lo menos posible por lo que les pagan... pero ése es su problema, no el de uno. Usted, lector, viva su vida. Hay personas que dependen de usted.


Cuando usted da más de lo que le pagan por dar, cada día, no sólo se promueve usted mismo, sino que, al ser indispensable, descubrirá, para su sorpresa, que a todo su alrededor hay nuevas oportunidades, y más adelante podrá asignarse su propio precio. Es una regla muy sencilla. ¡Recorra otro kilómetro! No le costará ni un centavo y, sin embargo, es una regla tan poderosa que, cuando la siga, su vida cambiará para siempre.


Andrew Carnegie dijo que había dos tipos de personas que nunca lograban mucho en la vida. Una es la persona que no quiere hacer lo que le dicen que haga, y la otra es la persona que sólo hace lo que le dicen que haga. Y cuando se le preguntó a Walter Chrysler qué era lo que más necesitaba su planta, repuso: - Diez buenos hombres que no estén atentos al silbatazo ni se la pasen pendientes de la hora en la carátula del reloj.


Hay que sorprender a todos. Cambie sus hábitos de trabajo. ¡Recorra ese kilómetro adicional! Esto no significa que sacrifique a su familia ni su salud en una compulsión insana por el éxito, pero es un método maravilloso para que usted extraiga todo lo que la vida puede ofrecer y todo lo que usted se merece. Hay que trabajar como si uno fuera a vivir eternamente, y vivir como si uno fuera a morirse hoy mismo. ¡ Recorra otro kilómetro

miércoles, 21 de enero de 2009

UNA MEJOR MANERA DE VIVIR (LAS REGLAS DEL EXITO)


Hay que considerar lo bueno que uno tiene. Una vez que uno se da cuenta de lo valioso que es y de cuantas cosas positivas tiene a su favor, las sonrisas volverán saldrá el sol, sonará la música y uno podrá finalmente avanzar hacia la vida que Dios le señaló... con gracia, fuerza, valor y confianza.
Uno de los secretos de la vida más importantes y siempre nuevo que tuve que aprender, con dolor y lágrimas, es que uno no puede comenzar a dar un cambio total en una existencia desesperadamente lastimada y derrotada ni dar un salto para salirse de la triste rutina que su empleo y su carrera significan, ni dejar atrás ese callejón sin salida de lo económico que parece haberlo condenado al fracaso y a una baja autoestima, a menos que uno aprecie las cosas buenas que ya posee.


¿Cosas buenas? ¿Se ríe usted? ¡Vaya sonrisa triste! ¿Está tratando de decirme algo? ¿Dice usted que tiene un cajón lleno de cuentas? ¿Que tal vez su hija mayor se está preparando para ingresar en la universidad y que usted no tiene ánimo par decirle que no puede ir? ¿Que se ha atrasado dos meses en el pago de las mensualidades de su automóvil y que su empleo no parece muy seguro que digamos? ¿Cuáles cosas buenas, piensa usted? Lo invito a permanecer conmigo ahora, mientras le ayudo a considerar algunas de sus cosas positivas en este preciso momento en que usted sigue sentado allí sintiendo lástima por usted mismo.



Hagamos una nueva lista e intentemos asignar un valor monetario sólo a unas cuantas de las cosas buenas que hay en su vida, amigo lector, para que pueda darse cuenta de lo rico que es usted realmente y de cuántas cosas buenas tiene en su favor, aunque haya olvidado esto en su lucha diaria por sobrevivir.


¿Cuánto vale vivir en este gran país? Responda usted, lo reto a que le ponga precio a eso. ¿En dónde preferiría vivir? ¿Cuánto vale ser empleado de la buena compañía en la que trabaja si esta mañana usted estuviera de pie en una fila de desempleados?
¿Cuánto vale su carrera si se da cuenta de que probablemente el 95 por ciento de la
población mundial gustosamente daría diez años de su vida, o más por tener la oportunidad que tiene? ¿Cuanto vale su libertad? ¿Y que tal con sus seres queridos y los que aman a usted? ¿Cuánto pediría por ellos? ¿Por los ojos? ¿Aceptaría un millón de ólares por sus ojos? ¿Y en el caso de las manos y los pies? ¿Cinco millones? ¿Diez?

sábado, 17 de enero de 2009


Escarbando en el baúl mental de mis recuerdos, recordaba con nostalgia los años maravillosos de mi infancia, aquellos años cuando viví en una huerta de manzanos.
Recuerdo, aquel hermoso rio donde me sumergía para rescatar los soldaditos  que mi padre me lanzaba.
Momentos mágicos que sueño ahora con añoranza y cariño, es por eso que me decidí a regresar ahora ya maduro al rescate de aquellos lindos recuerdos.

Mi sorpresa fue grande al descubrir lo abandonada que se encontraba aquella huerta. La hierba ahora cubría la construcción de la vieja casona, y por sus gruesos muros las raíces de los árboles atravesaban las habitaciones.

Al entrar a la casona encontré aquel viejo juguete entre telarañas y escombros, ese juguete solía ser mi amigo y compañero en las calurosas tardes de verano. El juguete humedecido se desbarataba con solo tomarlo entre mis manos. El tiempo había echo de las suyas con mis recuerdos de niño.

Ya acalorado decidí refrescar mi rostro en el viejo pozo. Al querer extraer agua, descubrí que la cuveta de metal del pozo, con el paso del tiempo y el desuso, había creado tanto oxido que la pieza era ahora inservible. El oxido había creado una costra en toda la pieza de metal. Sin poder extraer una sola gota del viejo pozo me encamine acalorado hacia el rio.
Mi tristeza fue mayúscula al percibir el fétido olor que despedía el rio. El gobierno al construir la nueva represa decidió cerrar uno de los ramales de aquel hermoso rio y ahora al no circular el agua, el rio se estanco y su pureza se perdió.

Ahora lo entiendo con mucha claridad, a las personas nos pasa lo mismo; El tiempo y el desuso nos corroe y termina por destruirnos. Cuando un líder piensa que ya lo sabe todo, que no hay nada nuevo que aprender, que todo lo sabe. Empieza poco a poco el proceso de destrucción

Sus pensamientos se estancan y se convierte en fétidos.
La costra de oxido cerebral empieza a desarrollar hábitos y pensamientos inservibles que no le permiten crecer y lo autodestruyen.
Todos sus elementos son ahora tan débiles como aquellos viejos muros de la casona.

Como el agua necesita fluir y ser cuidada para mantener su pureza, el verdadero líder debe ejercitar su mente bajo un intenso ejercicio de búsqueda del conocimiento. Capacitación constante, lectura, búsqueda de amistades inteligentes, son algunos de los ejercicios permanentes del nuevo líder. El líder, no puede quedarse estancado como el agua, debe de fluir incesante como el río, en búsqueda de la verdad, por que sabe que la verdad lo hará libre.

El líder que se queda inactivo mentalmente, en un lapso corto de tiempo, generará una inmensa capa de oxido que no le permitirá el movimiento que requiere para alcanzar sus metas y objetivos.
El tiempo no perdona la inactividad y acaba por destruir aquello que funcionaría perfectamente si lo hubiéramos ejercitado constantemente.
El nuevo líder sabe que la lucha contra el tiempo es constante, entiende que las adversidades son solo oportunidades para ser mejores y no se detiene a quejarse de lo sucedido, más bien observa, planifica, y actúa para transformar la adversidad en una oportunidad única.
Que no se te olvide nunca, el tiempo y la falta de movimiento te destruye. Da Vinci escribió “El hierro se oxida con la falta de uso; el agua estancada pierde su pureza y el agua en un clima frío se congela; la falta de acción socava el vigor de las mentes”

 
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